RosaCruz

Cruz, Octógono, Montaña, Caverna, VITRIOL, Corazón, Grial, 9, Fénix, Triangulo, Circulo, INRI

La iniciación masónica, desde el Primer Grado, enseña que la Masonería transmite sus enseñanzas a través de alegorías y símbolos, y que el símbolo actúa como soporte o representación esotérica de verdades o realidades. En la medida que vamos avanzando en nuestros estudios se nos presentan mayores símbolos y alegorías, encontramos referencias a la tradición primordial y esotérica de las religiones Noaquita, Egipcia, Mosaica, Salomonica, Zoroástrica, y Cristiana; incluyendo los Esenios, Gnósticos, RosaCruces y Kadosh. Encontramos también vinculaciones con las escuelas de misterios de Isis y Ceres; a las escuelas aristotélicas y platónicas; a los “colegia fabrorum” romanos. Todo esto nos permite reconstruir el hilo del conocimiento.

Los rituales contienen las alegorías a modo de “historia del grado”, o leyenda, que se amplía su significado cuando lo expone el “Orador”. En estos relatos y en los juramentos o solemnes promesas encontramos que el personaje que lo vive es impulsado a desarrollar internamente y practicar las virtudes, ya sean estas morales o intelectuales, estas últimas son las aptitudes o la capacidad de desarrollar algún tipo de actividad con eficacia, inspirado en un ideal, a los que también nos comprometemos a sostener en la sociedad. Estas virtudes están expresamente nombradas, en esta plancha yo quisiera ir a la raíz del porque el ritual nos insta a desarrollar esas virtudes sin las cuales no podríamos pasar las pruebas y mucho menos ser exaltados a la vida espiritual. Estos porque se encuentran analizando, profundizando en el significado de los múltiples símbolos que se nos presentan.

+La Cruz+

Es uno de los símbolos, como veremos, de mayor trascendencia en toda la simbología masónica y el más evidente en el Grado 18º del “REAA” de Caballero Rosa-Cruz y de las Ordenes Masónicas Templaria y Malta.

Debido al uso que se ha hecho del signo de la cruz en los últimos siglos, ésta adquirió una connotación religiosa que vincula las enseñanzas de este símbolo solo con el cristianismo, y por lo tanto pareciera que los Grados/Ordenes masónicos que lo incluyen también quedarían como vinculados a una religión en particular. Pero no es así, la cruz es un símbolo universal y pertenece a la humanidad. En China era consagrada a la adoración del Altísimo, y en el Asia septentrional y entre muchos pueblos de la América precolombina se han encontrado grandes piedras en forma de Cruz.

En el Gº13 del REAA, y en la “Orden del Santo Real Arco de Jerusalén”, se enseña el misterio de la pronunciación del “Verdadero Nombre de Dios” y a practicar la tolerancia religiosa porque tomamos conciencia de que durante siglos todos los intentos de definir el concepto de Dios y de lograr que esa idea sea mayoritariamente aceptada, solo lo limitaron, lo llevaron a prácticas religiosas idolatras, egoicas, … Dios terminó confundiéndose con los conceptos culturales de cada tiempo y nivel de comprensión de lo abstracto a que estaba limitado el pueblo en cuestión, originando odios, iras, discriminaciones y guerras sangrientas. Por esa razón en Masonería no se define su concepto sino que se señala su símbolo para que cada hermano lo descubra a su manera y con sus recursos intelectuales y espirituales.

En el evangelio de San Felipe encontramos las siguientes palabras:

“La verdad no vino al mundo desnuda, sino que vino en forma de tipos e imágenes. No existe otra forma de recibir la verdad… El novio debe entrar en la verdad a través de la imagen”

Así podemos escudriñar el verdadero significado de la representación simbólica de distintos tipos de cruces, en distintos lugares, tiempos y culturas; sumergirnos en el origen e interpretación que se le asociaba a las cruces: “dentro del círculo”, Ansata, Tau, Gamada, Griega, Romana, Templaria (paté), de Malta, San Andrés.

Desde la más remota antigüedad la cruz simbolizaba la intersección de la línea celeste “horizontal”, equinoccial, que une en el horizonte los signos “Aries-Picis/Virgo”, con la línea “vertical”, solsticial, “Cáncer/Capricornio”, observando el movimiento del sol cuando cubre sucesivamente esos puntos. Por eso simboliza o marca los puntos del mito solar dentro del ciclo zodiacal: nacimiento, vida, muerte y resurrección. O del ciclo diario amanecer, mediodía, atardecer y noche, hasta que asoma la “Stella Matutina” y canta el Gallo anunciando el nuevo Sol.

El diseño de la cruz latina estaba vinculado, por sus proporciones, simbólicamente con el cubo, con el hombre perfecto. La piedra cubica es uno de los primeros símbolos que estudiamos en masonería, se profundiza su simbolismo al volverla a estudiar en el 13º grado como la piedra cubica de ágata en la que Henoch gravara la Palabra Perdida, la piedra angular del Templo. Es uno de los “Sólidos Platónicos” y a la vez incluye los demás. También se la vincula simbólicamente con la “piedra filosofal”, la piedra del Grial, entre otras interpretaciones.

Para la cristiandad, la introducción de la cruz latina en el culto oficial no comienza hasta pasado un tiempo, los símbolos habituales del cristianismo eran el mástil, el pez, también el cordero, como representación del dios de la primavera cuando el sol entra en Aries convirtiéndose en el “cordero de Dios que quita los pecados del mundo” vale decir los males introducidos en la tierra durante el invierno; todos ellos eran representativos de la nueva religión.

Uno de los hechos históricos que darían un impulso al uso de la cruz llegaría con el Emperador Constantino al aparécele, en una visión, la leyenda “In Hoc Signo Vinces” inmerso en una cruz, antes de la batalla (Masquentio o Magencio) atribuyéndole el poder que le dio la victoria. Así fue que la imagen de la cruz se comenzó a utilizar en estandartes y otras representaciones cristianas y oficiales con asiduidad.

Durante el año 680 se aprobó oficialmente su uso, en el sexto sínodo de Constantinopla (Canon 82), se propuso cambiar este antiguo símbolo y usarlo agregándole una imagen de Cristo clavado a la cruz, lo que fue confirmado por el Papa Adriano I, desde ese momento fue considerada como instrumento de suplicio y muerte, la Cruz representa lo espinoso que es para el hombre el camino de la vida y la igualdad que entre ellos establece la muerte.

Si queremos profundizar el significado de este símbolo, de la imagen de Cristo en la cruz podemos hacer un análisis del texto bíblico: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. [Juan 3.14-15]” … obviamente en referencia al Antiguo Testamento: “Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés, diciendo: ¿por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Dios envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: hemos pecado por haber hablado contra el Señor, y contra ti; ruega al Señor que quite entre nosotros estas serpientes”. Y Moisés oró por el pueblo. Y el Señor dijo a Moisés: hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta: y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Números 21:4-9).

Pero no todos los cristianos usaban la cruz con ese diseño y en ese sentido, veamos estas otras cruces:

La cruz griega, de brazos iguales, es la primera cruz que usaron los miembros de la orden templaria por el año 1118 sobre su brazo izquierdo, sobre un manto blanco.

Es el símbolo de la naturaleza y sus ciclos, por la conjunción de una línea horizontal, que simboliza lo femenino, con una vertical que simboliza lo masculino y así veían la dinámica de la Generación.

La cruz, con sus cuatro brazos representan los 4 estados de la materia (sólido, líquido, gaseoso, e ígneo o luminoso), igualmente es símbolo de los 4 elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire y fuego), cuyas iniciales en hebreo son las letras del Tetragrama Sagrado.

El 4, numero de letras con que se escribe Dios en todos los idiomas, nos trae otro símbolo de gran importancia en la Orden: la Tetraktys Pitagórica, que ya conocemos su formula numérica: 1+2+3+4=10. En su forma triangular cada uno de sus lados comprende cuatro elementos. Que más allá de su forma geométrica se lo puede vincular al denario cuando se lo simboliza con el círculo: el símbolo comprende en total 10 elementos, uno central y nueve en el perímetro. En este caso el 1 corresponde al centro y el 9 a la circunferencia que normalmente se divide por múltiplos de 9: 90° para el cuadrante y 360° para la circunferencia completa. Universalmente se simboliza la Deidad Suprema con un circulo y/o un triangulo. También existe una vinculación numérica y simbólica de la Tetraktys con la Iod (= 10) del tetragrama, con el cuadrado de cuatro cuyo valor es 16, equivalente al valor numérico del resto de las letras del tetragrama (total=26). Si lo visualizamos el conjunto en su forma solida el cuadrado se convierte en cubo y el triangulo en pirámide cuadrangular cuya base coincide con la cara superior del cubo formando la piedra cubica en punta. Que bien podría ser la “piedra que rechazaron los constructores …”.

La cruz Paté, de ocho puntas, Deriva directamente de la Cruz celta que representa los tres mundos: Abred. Gwenwed. Keugan. Y de la vieja rueda druídica el Crismón de ocho radios. Este símbolo, el Crismón, evoca el inicio, los ciclos (la serpiente que se muerde la cola) y es también un símbolo solar que tiene su máxima expresión en los resplandecientes rosetones de las Catedrales e Iglesias de origen Templario.

La Cruz Patriarcal se dice que es el diseño usado por el Gran Maestre y los Oficiales de la Orden del Temple en su vestimenta. La leyenda de esta cruz dice que en el año 326, la “Santa Emperatriz” Helena, madre de Constantino, encontró 5 trozos de madera que pertenecían al madero sagrado (Cruz de Cristo) con los cuales construyó la cruz. Santa Helena regaló esta cruz al Patriarca de Jerusalén quien la mandó a colocar en una Capilla de la Iglesia del Santo Sepulcro.

La simbología más evidente de la Cruz Patriarcal, es la que aparece al partir la cruz de forma que en la parte superior nos muestra una cruz griega y en la parte inferior una cruz tau. Es decir, la cruz exotérica, la griega, y la cruz esotérica, la Tau. Su unión produce el símbolo del sincretismo religioso y filosófico que animó y marcó el devenir de la historia del Temple.

Esta interpretación es acorde con lo que nos dice el Secretario del Papa Honorio III, respecto a cómo el Santo Padre configuró el Lignum Crucis que envió a los templarios a Segovia:

“…Tomó de un fragmento del brazo derecho de la Cruz del Salvador del que formó dos cruces y reunidas la una sobre la otra en forma de cruz patriarcal…”

Podemos decir también que Godofredo de Bouillon, duque de Lorena y virtual rey de Jerusalén, adoptó esta cruz como insignia de sus estandartes durante su primera cruzada, cosa más que curiosa porque dicha cruz era utilizada por los cristianos Orientales, no por los Occidentales. Los caballeros del Santo Sepulcro también se la hicieron suya, aunque posteriormente el mismo Godofredo se apresurase a quitársela en 1099 cuando creó la Orden de Notre Dame du Mont de Sion de la que saldrían los Templarios como brazo armado en 1114.

La Cruz de ocho puntas, también conocida como de Malta es representativa de los Templarios, Hospitalarios y Malteses. Es conocida como la cruz de las ocho Beatitudes y de las ocho Bienaventuranzas. Es una cruz de “meditación” en su aspecto geométrico y se dice que sirve como clave para la construcción y desciframiento del alfabeto secreto de los Templarios.

Primero veamos cuales son las ocho Beatitudes: 1ª Poseer el contento espiritual. 2ª Vivir sin malicia. 3ª Llorar los pecados. 4ª Humillarse al ser ultrajados. 5ª Amar la justicia. 6ª Ser misericordiosos. 7ª Ser sinceros y limpios de corazón. 8ª Sufrir con paciencia las persecuciones. Tras leer sus significados entenderemos la importancia que tuvo esta Cruz como símbolo de Espiritualidad, Humildad, Honor y Amor al prójimo.

Geométricamente podemos observar que si unimos las puntas de esta cruz con una línea dibujamos un octógono, que es el trazado de las capillas mistéricas templarias. Los arquitectos templarios, a estas ocho partes periféricas le agregaban simbólicamente un elemento central, una cruz (no me extrañaría si esta cruz central fuera una Tau), como símbolo de unidad, como centro supremo, invisible a los ojos pero sin la que no existiría manifestación material.

8+1=9. En la cruz y en la capilla encontramos tanto el número 8 como el 9. No es casual que esta Orden tan vinculada a lo simbólico y tradicional utilice un código numérico para expresar una verdad. A este respecto citaremos las palabras de J. Bergier: “La bandera de los templarios era simplemente la representación simbólica del templo… Su campo estaba jaquelado de 81 piezas de sable y plata… Este campo era, pues, en realidad, lo que el Oriente denomina un mándala (dibujo sagrado de esencia mágica). Los mándalas más clásicos son los que contienen grandes cuadrados divididos en cuadros menores de números determinados… 64 u 81. El cuadrado de 81 que se compone de 9 X 9 y consta de una casa central, es un Cuadrado Celeste; el de 64 se forma de 8 x 8… (o lo que es lo mismo: el cubo de 4, tercera dimensión de la Tetractys; Tetragrama). Está dedicado a la Virgen Eterna, madre de todas las tradiciones. Es un Cuadrado Terrestre.”

Y si tenemos en cuenta que estas Capillas Templarias no estaban destinadas al culto público en la época templaria, sino a los ritos de iniciación de la Orden, no debe extrañarnos la presencia de estos mándalas occidentales, que serían objeto de mística meditación por parte de los aspirantes a dicha iniciación.

Pero profundicemos en el significado de esos números, 8 y 9, atendiendo a sus raíces simbólicas sustentadas en la cábala hebraica y la tradición primordial.

La expresión simbólica del número ocho indica lo que tiende a la forma. Se asocia a la justicia o equilibrio de las cosas porque está formado por dos números pares, es luz y sombra, su simbolismo puede asociarse al del yin-yang, Adán-Eva, y la representación gráfica de este signo constituye el mándala octogonal, la planta de las capillas templarias.

En el alfabeto y la cábala hebreo el número ocho corresponde a la letra Heth (equivalente a nuestras H, J), que indica predominio del intelecto sobre la materia.

El número ocho, en hebreo SHMONE, lleva implícito el código hermético del alma o NESHAMÁ, del hombre. El hombre no recibe su alma viviente o NISHMAT JAÍM hasta el versículo octavo del segundo capítulo del Génesis, momentos antes de ser instalado por el Creador en el jardín del Edén. Por el alma, el hombre adquiere conocimiento de “su propio nombre”. Conocerse a sí mismo en profundidad, es penetrar en la pluralidad de la vida. La conciencia del alma que impulsa a conocerse a sí mismo implica un deber de tamizar lo que vive en nosotros, separar la paja del trigo. Tallar la Piedra Bruta.

Si estudiar es cambiar, y ambas operaciones generan una mutación espiritual, despertar al que duerme, extraer del sueño a quien tiene la posibilidad de convertirse en fénix, ave inmortal surgida de sus cenizas, supone primero contagiarle o prenderle fuego, iluminarlo, y después acompañarlo en el doloroso trayecto de purificación que consiste en enfrentarse consigo mismo. El ser humano se renueva a través de frecuentes inmersiones en sus propias fuentes abismales. “Bebe el agua de tu misma cisterna” (Proverbios5.15). Al buscar el manantial de la vida dentro de nosotros no hacemos más que recapitular sus moléculas, ascender mediante las aguas inferiores hasta las aguas celestes o superiores.

Cada uno de nosotros, en la medida que se consagre a la renovación de sí mismo haciendo germinar el relámpago, es su propio Mesías, tal como enseñaron los evangelios Gnósticos. Crecer, desarrollarse, no es un hecho externo, sino un proceso interior, un pasaje, parábola tras parábola, de la ignorancia a la sabiduría, es el proceso de regeneración psíquica, para poner en acto, en presente, las virtudes que hacen a la verdadera moral masónica, esa que refleja las leyes de la naturaleza como expresión finita de Dios. Previo a cualquier intento de elevarnos hacia la bóveda celeste, porque si no regeneramos nuestra naturaleza inferior antes de pretender dedicarnos a una vida espiritual podemos ser sorprendidos en cualquier momento por los excesos, en otras palabras: para que la virtud pueda manifestarse, hay que transmutar el vicio, éste debe ceder su espacio vital a la virtud, recordemos el significado de VITRIOL.

La letra Het (8) simboliza el proceso de germinación de la semilla mediante el aumento de calor, que suscita el relámpago interior, la llama de la vida. En ese fuego interior encuentro el significado simbólico de INRI: Ignea Natura Renovatur Integra.

Ese germinar, esa vida latente, esa existencia elemental, esa dualidad equilibrada, toma forma y adquiere carácter definido solamente cuando entra en contacto con la unidad, la cruz central, el Cristo. Y ocho más la unidad nos da nueve.

El nueve, lo encontramos simbólicamente presente en muchísimos Rituales y Ordenes Masónicas: en el cuadrado de 3, en la escuadra (90º), en la leyenda de los 9 elegidos, en la montaña sagrada, en el Cádiz o místico secreto oculto en la montaña sagrada, en las leyendas templarias de los 9 caballeros que buscaron un misterioso objeto bajo el Templo de Jerusalén durante 9 años, incluso en la de los “mineros alemanes” que excavaron en Pech Cardou, al sur de Francia, no lejos del Chateau de Blanchefort; Este símbolo también está presente en la ceremonia del Santo Real Arco ingles en el triangulo de 9 (las luces mayores y menores), en la palabra Ja-Bul-On, en la piedra Clave de la Bóveda Secreta, prácticamente en todas las leyendas que tienen que ver con algo “oculto” o “perdido” encontrado en una caverna o bóveda; También lo encontramos vinculado al simbolismo de la serpiente, indicando misterio, lo insondable, ocultación, conservación y renovación. Veamos simbólicamente el episodio entre San Pablo y la serpiente en el fogón de la isla que llegó luego del naufragio, toda la historia, el viaje por mar, la tormenta, la perdida material (el barco) pero no de vidas … en esta historia hay muchas enseñanzas.

Resumiendo, el 9 es el número del iniciado, expresa la razón de ser de todas las formas porque contiene en sí a todos los demás números simples. Es la síntesis del bien y del mal, la resta y la suma de todo lo que ha sucedido. En su interpretación jeroglífica significa asilo, refugio que el hombre se proporciona para protegerse de los peligros exteriores e interiores que lo acechan. Y, atención, su significado esotérico más oculto es el de una muralla escondida y erigida para salvaguardar un anhelado tesoro o custodiar un objeto apreciado rodeado de peligros. ¿El Grial?… ¿Algún Lignum Crucis?… Su representación geométrica viene dada por tres triángulos, o el triangulo de 9; es el equivalente cabalístico de la letra hebrea Teth; Imaginémonos el misterio que rodea este/os símbolos individual y conjuntamente, recurrentemente se hace referencia a algo oculto, protegido, … que encontraremos cuando accedamos al centro, al ombligo.

En la obra “Poética de la Cábala” de Mario Satz, al referirse a la letra TETH comienza diciendo: “Entre nosotros y la naturaleza se tiene un hilo, JUT, invisible equivalente al cordón umbilical que nos ligaba a nuestra madre, el cual, a diferencia del embrionario – que necesariamente hemos de cortar para desarrollar nuestra vida individualizada-, debe ser hallado y seguido si queremos nacer a la vida cósmica. En el enorme tapiz viviente de la naturaleza, TEBA, la TET, novena letra, señala para cada uno de nosotros un ombligo, TABUR, en el cual resplandece el oráculo del bien, TOB. El ombligo, se sabe, es el punto central o medio entre lo alto y lo bajo. Es el sello, la cicatriz de nuestro nacimiento natural y el símbolo de nuestro posible nacimiento espiritual. Así como el cordón umbilical nace del mesodermo y de los vasos sanguíneos y aparece rodeado por la cavidad amniótica, así aparece, rodeado del oleaje interno, en la cisterna, BOR, a la que hemos descendido para beber de nuestras “propias aguas”, el nuevo tejido, TAVAÍ, que liga lo macro a lo microcósmico. La creación y su criatura.”

Es un tema increíblemente rico y abundante para profundizar.

En la cábala el número 8 o letra Heth corresponde al octavo sefirá: Hod (Gloria); el número 9 o letra Teth corresponde al noveno sefirá: Yesod (Fundación).”

Las capillas poligonales, puesto que participan tanto de uno como de otro signo, se nos revelan como la Gloria de la Fundación.

Anuncios

About the post

Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: